Psicopedagogía

· Gabinetes Técnicos Interdisciplinarios en todos los niveles y modalidades, tanto oficiales como privados.

· Realización de detección temprana de alumnos talentosos y otros con necesidades educativas especiales.

· Realización de diagnóstico, pronóstico, seguimiento y tratamiento psicopedagógico, fundamentalmente en el proceso de enseñanza - aprendizaje.

· Orientación metodológica.

· Prevención y asesoramiento a padres y docentes.

· Orientación educacional.

· Orientación vocacional - ocupacional.

· Tutoría.

· Ejerce nuevos roles en educación especial.

· Asesoramiento a autoridades e instituciones.



lunes, 12 de enero de 2015

Disfagia

Dificultad para deglutir o dificultad para movilizar el alimento de la boca al estómago

Jeri A. Logemann, Ph.D.
Ralph and Jean Sundin Professor
Department of Communication Sciences and Disorders
Northwestern University
2240 Campus Drive
Evanston, IL 60208
e-mail: j-logemann@northwestern.edu
Phone: 847-491-2490
Fax: 847-491-5692

Las personas afectadas por disfagia o dificultad de tragar, se quejan a menudo del hecho de que tosen comiendo, tienen la impresión que la comida se pega en su garganta, que deben frotarse la garganta comiendo, que una cantidad de comida se queda en su boca o su garganta después de la deglución, y otros problemas ligados a la alimentación. A veces evitan comer alimentos que les son más difíciles de tragar. La aparición del problema es a veces tan lento que ciertos pacientes no son conscientes de su problema. La disfagia es frecuente en las personas adultas que han sufrido un accidente neurológico, un accidente vascular cerebral o un daño estructural como un tratamiento para un cáncer en la cabeza o en el cuello. Los niños y los bebés pueden igualmente estar afectados por problemas de deglución por causa de una anomalía congénita o un trastorno adquirido en el desarrollo neurológico (Arvedson et Lefton-Greif 1998; Logemann 1998). La mayoría de la información contenida en este capítulo se aplica a los niños y a los adultos disfágicos pero no a los bebés, puesto que no tienen aún el control bucal completamente desarrollado.
En numerosos casos, la causa del problema de deglución es evidente. La persona sufrió un accidente vascular cerebral, un traumatismo cráneo-cerebral, una herida medular o le diagnosticaron una enfermedad neurológica como el mal de Parkinson, la esclerosis lateral amiotrófica o la esclerosis múltiple, etc. (Bisch y col. 1994; Buchholz 1994, b; Calcagno y col. 2002; Lazarus y Logemann 1987; Lazarus y col. 1996; Logemann 1998; Logeman y col. 2008; Robbins y Levine 1988). Ella puede igualmente haber desarrollado un problema de deglución antes o después de una cirugía por ablación de un tumor canceroso. Puede ser también que la disfagia en ciertas personas sea de etiología desconocida. En la mayoría de los casos, estos trastornos están ligados a un problema neurológico no diagnosticado. Son numerosas las razones que pueden explicar los problemas de deglución y la primera pregunta a la cual un clínico debe responder cuando examine al paciente es: "¿cuál es la causa médica de este problema de deglución?" En efecto, es raro que los problemas de deglución sean de naturaleza psicológica.

Deglución normal

La deglución normal implica una coordinación rápida de los músculos y de las estructuras de la boca, de la garganta o de la faringe y del esófago. Esta coordinación permite masticar la alimentación para luego reducirla a una consistencia propicia para la deglución. La deglución pasa entonces de la fase oral -en la cual los músculos de la boca y de la lengua descomponen la alimentación para darle una consistencia que permita la deglución- a la fase faríngea -en la cual las válvulas se abren y se cierran para dirigir la alimentación hacia el esófago-. Estas válvulas comprenden el paladar blando o región velofaríngea que impide a la comida penetrar en la nariz; la base de la lengua, o la parte inferior de la lengua, que entra en contacto con la pared de la faringe para crear una presión que lance la comida a través de la faringe hasta el esófago; la laringe, que se cierra para impedir que la comida pase a la tráquea; y el esfínter esofagiano superior, que se abre en el momento preciso para dejar pasar la comida hacia el esófago. Estas válvulas faríngeas juegan un rol esencial en la deglución normal, puesto que ellas protegen las vías respiratorias y propulsan la comida al esófago. La figura 1 ilustra estas válvulas. Todos estos movimientos se efectúan por espacio de algunos segundos. Es muy importante que estos movimientos estén bien coordinados. La comida es impulsada por una presión inducida en la boca por la lengua, es decir por la parte inferior de la lengua y por la base de ésta en la faringe o en la garganta, y entonces las paredes de la faringe permiten una serie de contracciones de lo alto hacia lo bajo, teniendo por efecto depositar la comida en el sitio donde los músculos esofágicos hacen el relevo, contrayéndose los unos tras los otros para llevar la comida al nivel del estomago. Con el fin de curar a un paciente disfágico de manera eficaz, el clínico debe estar en capacidad de diagnosticar las fases precisas de la deglución que están involucradas. Los daños varían según la causa del problema de deglución y el tipo de afección que toca las estructuras y las funciones físicas y neurológicas. La deglución se termina cuando la comida penetra en el estómago. La deglución normal disminuye un poco con la edad y la comida tiene la tendencia a quedarse en la garganta pero solamente en pequeña cantidad. En general, la eficacia y la seguridad de la deglución no se alteran de manera significativa con el envejecimiento en los individuos saludables (Logemann ey col. 2000, 2002; Robbins ey col. 1992, 1995).

Tratamiento

Una vez que el clínico responsable del diagnóstico ha definido los problemas precisos de la deglución, establece el plan de tratamiento del paciente. El tratamiento varía para cada paciente de acuerdo con la etiología y la naturaleza de su problema de deglución, es decir, según los movimientos particulares que presentan una disfunción. No existe un tratamiento único conveniente a todos los pacientes disfágicos y las anomalías de la deglución deben ser tratadas en el contexto particular del diagnóstico del paciente. Por ejemplo, los pacientes afectados por la enfermedad de Parkinson se las arreglan mejor con ejercicios activos, mientras que los pacientes afectados por una disfasia inducida por la esclerosis lateral amiotrófica se cansan y pierdan su capacidad funcional. Este ejemplo refleja la importancia de comprender el diagnóstico y las causas subyacentes al trastorno, lo mismo que las anomalías anatómicas o fisiológicas de la deglución. Los tratamientos conductuales, que comprenden las técnicas descritas anteriormente, habitualmente constituyen la primera elección de tratamiento para los pacientes disfágicos, porque estos procedimientos son poco invasivos y a menudo proporcionan excelentes resultados.
El clínico puede introducir, cuando es posible, estrategias de tratamiento desde la etapa de diagnóstico con el fin de determinar su eficacia en el mejoramiento de la deglución del paciente (Martin-Harris y col. 2000; Rasley y col. 1993; Veis y col. 2000). En general, el orden en la cual los tratamientos se introducen al paciente en el curso de un examen radiográfico de deglución baritada es el siguiente:
  1. modificar la postura de la cabeza o del cuello donde aspiran el alimento o donde el alimento se dirige al nivel de la tráquea;
  2. introducir alimentos que ofrecen estimulaciones más grandes y sensoriales, como las bebidas gaseosas, cuyos problemas de deglución son de origen sensorial. La introducción de estos alimentos acelera la puesta en marcha de la deglución faríngea y facilita la percepción de los alimentos en la boca;
  3. cambiar las maniobras de deglución enseñando a los pacientes a modificar de modo voluntario aspectos precisos de su deglución para permitirles tragar mejor; y finalmente
  4. cambiar la consistencia de los alimentos de la dieta para facilitar la deglución
Estos cuatro procedimientos, y las técnicas particulares que comprenden cada uno de ellos pueden ser introducidos en el curso de la deglución baritada u otros tipos de evaluación instrumental. Pueden ayudar a mejorar la función de deglución del paciente. También se puede recurrir a programas de ejercicio que favorecen un gran mejoramiento en la deglución del paciente. Estos programas necesitan, no obstante, un cierto tiempo antes de entrar en vigor, por consiguiente, el hecho de instaurarlos en el curso de un procedimiento instrumental no demuestra inmediatamente su eficacia. Son comprendidos en esta categoría los ejercicios destinados a mejorar la apertura del esfínter esofágico superior (Shaker y col. 1997; 2002), a fortalecer la lengua (Robbins y col. 2005; 2007) y a regular la coordinación de la deglución. (Lazarus y col. 1993), etc.
Hay un cierto número de procedimientos experimentales cuya constancia de eficacia todavía no ha sido demostrada, como la electrosimulación, la estimulación neuromuscular profunda a nivel faríngeo, etc. Todavía se encuentran en el estadio experimental, porque no hay suficientes datos convincentes que demuestren su eficacia en el mejoramiento de la deglución. Están, no obstante, en estudio actualmente (Kiger y col. 2006; Ludlow y col. 2007). Los pacientes pueden ciertamente emplear estos procedimientos bajo la supervisión de un terapeuta cualificado, generalmente un ortofonista, pero el paciente debe ser consciente del estatus experimental de estos procedimientos. Numerosas investigaciones sobre el tratamiento de los problemas de la deglución están en proceso. Es importante tener a los pacientes informados sobre estas investigaciones y esperar al fin la aprobación de nuevos procedimientos. Sin embargo, algunos de estos nuevos procedimientos "son vendidos" de manera muy ofensiva sin antes de que los datos confirmen sin duda su eficacia absoluta o su fracaso esté disponible. Se debería invitar al paciente a solicitar la confirmación de su terapeuta para saber si los procedimientos que utiliza están bien establecidos o todavía están en el estadio experimental.

Incidencias

La única forma de verificar de manera definitiva si un tratamiento funciona o no es recoger la información sobre la fisiología de la deglución del paciente al inicio del tratamiento y al final de éste. Por otro lado, un gran número de pacientes disfágicos viven de curaciones importantes y espontáneas o, en el espacio de dos o tres semanas siguientes al diagnóstico de la etiología de su disfagia, como un accidente vascular cerebral, recobran casi la totalidad de su función de deglución. Por cierto, tragan un poco más lentamente de lo normal, pero su deglución no presenta ninguna aspiración. Ellos están en condiciones de tragar solamente una pequeña cantidad del alimento residual que queda después de la deglución. Este es uno de los problemas en la investigación sobre la disfagia. Muchos clínicos se confunden cuando pregonan muy pronto una terapia y cuando comprueban mejorías considerables. Así como estas mejorías están vinculadas, de hecho, a la terapia, es imposible separar la curación espontánea del efecto de los ejercicios en los pacientes de este género.
Más de 80 % de los pacientes disfágicos recobrarán la totalidad de su capacidad de absorción por vía oral; y algunas de estas curaciones pueden ser espontáneas. La obtención de buenos resultados es tributaria de un buen diagnóstico y de un tratamiento adecuado, pero también de una planificación minuciosa del programa de tratamiento del paciente mediante la selección de tratamientos cuya eficacia está probada por datos convincentes.

Otros programas de tratamiento

Pasa, no obstante, que los pacientes soportan intervenciones quirúrgicas con el fin de mejorar su deglución, como en el caso de pacientes afectados por trastornos al nivel del esfínter crico-faríngeo del esófago. Estas intervenciones comprenden la ablación del músculo situado en la conjunción del lado superior del esófago (miotomía del músculo crico-faríngeo), o una intervención que consiste en desplazar un cartílago al interior de la laringe con el fin de mejorar la protección de las vías respiratorias y de eliminar la aspiración. También se utilizan inyecciones de botox en el músculo crico-faríngeo para mejorar la deglución en ciertos pacientes, pero solamente en una pequeña proporción de ellos. Además de las intervenciones quirúrgicas, se prescriben medicamentos para mejorar la deglución. En algunos casos, por ejemplo, medicinas antiparkinsonianas resultan mejorar la deglución en el paciente disfásico afectado por la enfermedad de Parkinson. La prescripción de medicinas también puede permitir el mejoramiento de la deglución entre los pacientes afectados por miastenia, una enfermedad neurológica que altera la capacidad de los músculos para contraerse. Por otro lado, este género de medicinas no es conveniente para un gran número de pacientes.

Figura 1: Un diagrama del tracto aerodigestivo superior implicados en la deglución.

Figura 1
Una explicación de la figura 1 se encuentra disponible.

Figura 2: Vista radiográfica lateral de la cavidad oral y faríngea

Figura 2
Una explicación de la figura 2 se encuentra disponible.

Figura 3: Vistas laterales de la posición del tubo endoscópico flexible atrás del paladar blando, para ver la faringe antes y después de la deglución

Figura 3
Una explicación de la figura 3 se encuentra disponible.

Referencias bibliográficas

Lecturas adicionales

Citación de los artículos del CIRRIE: Swallowing disorders
Citación de los artículos de REHABDATA: Swallowing disorders
Definiciones del IIDRIS: Oesophageal swallowing
Códigos de la CIF: b510 (Ingestion functions), s520 (Structure of oesophagus)

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Cite this article

Logemann JA. 2010. Disfagia (dificultad para deglutir o dificultad para movilizar el alimento de la de la boca al estómago). In: JH Stone, M Blouin, editors. International Encyclopedia of Rehabilitation. Available online: http://cirrie.buffalo.edu/encyclopedia/es/article/8/

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Doc de http://cirrie.buffalo.edu/encyclopedia/es/article/8/

jueves, 8 de enero de 2015

ANALISIS PSICOSOCIAL DEL AMOR Y DESAMOR

En mayor o menor medida, con mayor o menor fortuna, todas las personas adultas conocemos la experiencia del amor, del enamoramiento, y también del desamor y de las consecuencias emocionales que implica. Amor es un concepto abstracto, por tanto subjetivo, de fácil y lógica interpretación, que se puede vivir en determinados momentos de la vida y ante determinados objetos, entendiendo por objetos, aquello que recibe el afecto. Amor puede sentirse hacia un hijo, un animal, una casa (objeto físico), una entidad espiritual, y también hacia la pareja. Hoy hablaré sobre el sentimiento que se comunica, que se vive con otro, que permite, facilita y desarrolla la institución de la pareja y legalmente, en un momento determinado, posiblemente el del matrimonio. Ante este concepto abstracto nos preguntamos por la función de esa particularidad del ser humano, cuya respuesta se podría entender desde las religiones, la filosofía y la psicología, entre otros.
Desde la Psicología profunda, la función de la relación de pareja es la de poder desarrollar la capacidad de amor que cada ser individual tiene. La de poder tener un sistema, un espacio donde canalizar la viceralidad, aquella parte del instinto del ser humano, esa necesidad vital que es la capacidad de entrega, de abandono, de expansión. Dentro de la lógica natural, de la ética del amor, lo primero que aparece es el deseo, el impulso de atracción hacia alguien. Es un proceso energético que nadie puede explicar, pero lo que puede ser una atracción sexual, intelectual, no implica la creación de un compromiso, de un reconocimiento, en el que las dos personas quieren compartir parte de su vida.
Existe diferencia entre el amor y la pasión. Puede haber pasión sin amor pero nunca puede darse el amor si no hay pasión. Porque hasta en el amor místico hay pasión. Pasión significa una exacerbación de un afecto vinculado, transmitido, canalizado hacia otra persona o hacia otra entidad. Puede haber momentos de pasión sin amor siendo solamente una pulsión en la que se comparten momentos parciales sin problemas, siempre que haya un acuerdo. Si no hay acuerdo es violación, no pasión.



Desde esta perspectiva, el amor de pareja tiene dos partes: el momento de enamoramiento, que es un espacio donde la conciencia pierde los referentes y se entra un poco en la locura porque es un espacio atemporal, propio; y el amor, que es el compromiso y la elección que implica el reconocer a aquella persona de la cual uno se enamora, como alguien con quien compartir la realidad cotidiana, lo que implica un proyecto y, como explicaré mas adelante, un reconocimiento mutuo emocional, cortical y sexual. Siempre se habla de que el amor exige elección. Amas porque eliges y eliges porque pierdes, y por tanto amas porque pierdes. El reconocimiento pasa por la existencia de una satisfacción y de un placer de compartir, pero el problema empieza en la forma de relacionarnos en pareja.



Puede darse, por ejemplo, el sentirse atraído y enamorado de dos personas a la vez. Lo primero que hay que tener en cuenta es que hablar de modelos en la relación humana, desde el punto de vista científico, es absurdo porque existen muchas formas de relación. Ahora, desde el punto de vista ético habrá que ver si esto se produce de manera clandestina, oculta, o es transparente y aceptado por todos los implicados. Si una de las personas está oculta ya no hay igualdad de planos. Y en esa no igualdad, es difícil que se pueda hablar de una relación amorosa.



Puede darse también el caso de las parejas que comparten espacios comunes y que entran más en la dinámica social tribal donde no están marcadas las funciones jerárquicamente -padre, madre e hijo- como lo están en la familia occidental. En la tribu, la responsabilidad de la educación es mas amplia y por tanto hay otros personajes, con lo cual el peso, la responsabilidad y el modelo de referencia no cae estrictamente sobre el padre y la madre. Las consecuencias educativas que esto tiene están poco estudiadas, igual que están poco estudiadas las consecuencias de las parejas homosexuales que adoptan hijos.



Hay muchas modalidades en el momento social actual, nuevas formas de relación que no sabemos que consecuencias pueden tener porque es muy poco el tiempo de existencia. Podemos opinar ideológicamente, pero no científicamente. Las que si están estudiadas, y en lo que nos centraremos en adelante, son las consecuencias traumáticas de una separación destructiva y las consecuencias favorables de una separación cómplice, constructiva.



En general, hay dos niveles de referencia. Primero, el modelo que nuestros padres nos han dado, es decir, la referencia educativa, y segundo, la experiencia que hemos vivido a nivel afectivo, emocional y energético con la primera pareja que se da en nuestra vida, con nuestra madre. El primer elemento fusional en el que se crea realmente una dinámica de dos, profunda y con un amor auténtico es la relación entre la madre y el bebé tanto a nivel intrauterino como extrauterino. La que condiciona inconscientemente nuestra forma de relacionarnos con aquel a quien amamos, porque en el fondo, el amor se reconoce por nuestras memorias anteriores como concepto abstracto en el constructo psíquico que se basa en experiencias vividas. Por eso hay personas que se fusionan excesivamente con el compañero/a y viven una dependencia extrema, porque, generalmente han vivido una separación o una relación muy corta con la madre en ese momento primitivo, y viven en esa nueva persona, hombre o mujer, un desplazamiento de afectos maternos. Por lo tanto volver a perder a la madre es algo que no se puede soportar, y de ahí la entrada en depresión o en respuestas violentas y maniacales para evitar el contacto con la depresión.



Nacemos con la capacidad de amor, de abrirnos al otro, porque solamente si hay un movimiento hacia fuera nuestra estructura está en movimiento, está reciclándose energéticamente y por lo tanto está viva.
Un ser humano que esta solamente en una situación de narcisismo permanente, es decir, en el que solo se ve a sí mismo es una persona que progresivamente va imaginando la realidad y desarrollando una dinámica patológica. En última instancia, podríamos decir que el psicópata es el sujeto que ha llevado el narcisismo al extremo de imaginar la realidad de contacto con el otro, sin emocionalidad, hasta el punto que puede destruir sin alterarse. Hay mucho psicópata cívico, no solo en las cárceles.



La psicopatía social existe como fenómeno en cuanto que se dan ciertos círculos y en ciertas personas en el momento en que se cierran a la posibilidad de amor, de expandirse, de entrar en relación con el otro, por diversas circunstancias, no por un cuestión voluntaria. Esto está vinculado a la educación, en la que el niño ve reprimidas sus respuestas, sus capacidades y sus necesidades expansivas, y va refugiándose en un imaginario que le impide el contacto con la realidad; cuando no se vibra y no se siente al otro cualquier comportamiento destructivo puede ocurrir, el impulso surge en forma caótica y no hay emocionalidad, por lo tanto no hay censura ética que lo frene.



Las familias en que alguno de los dos padres viven esta situación son muy conflictivas porque el nivel de violencia es muy alto y los hijos, que la reciben continuamente, no tienen posibilidad de canalizarla; el modelo de referencia que tienen es de petrificación, es decir, de ausencia de experiencia emocional. Por lo tanto, lo único que queda es la posibilidad de expresión de esa emoción fuera del núcleo familiar y esos niños empiezan a necesitar la emergencia de las pulsiones destructivas que viven en la familia y que no pueden expresar en otros círculos.
Es cuando se da paso en gran medida a circuitos que están en el fondo permitiendo la canalización de esas pulsiones que en el núcleo familiar no se pueden expresar ni vivir; gran parte de la delincuencia juvenil se provoca en los sistemas familiares que son el caldo de cultivo de esa violencia social posterior o paralela. Esto sirve como referente en la Psicología forense para entender ciertas respuestas extremas, delictivas. Pero a menor escala también hay un nivel de emocionalidad reprimida, de asepsia, de un cierto estado de zombi en el cual el elemento narcisístico cada vez es mayor porque se va perdiendo la capacidad de contacto con el otro.



En cierta forma los mecanismos sociales en los que estamos inmersos facilitan esta falta, creando modelos de referencia que limitan la posibilidad de construir un modelo propio de identidad, forzando ritmos y dinámicas que distresan y rompen nuestra capacidad de actuación espontánea y en el fondo, facilitando un individualismo basado fundamentalmente en el amor a los objetos, al tener, en vez de favorecer el ser y el estar. Como decía Erik Fromm, prevalece el tener sobre el ser. Entonces podemos hablar de una sociedad que tiende cada vez más a valorar al ser humano positivamente por tener muchos objetos, y entre esos objetos muchas veces están las personas, y entre esas personas muchas veces está la pareja. A veces se está con alguien porque es estético. En muchas sesiones de pareja que hacen terapia aparece esa sensación, sobretodo en la mujer, de sentirse "florero", es decir, sentir que su pareja está a su lado porque viste bien, porque es bonita y queda bien en las reuniones de sociedad. Pero sin sentirse amada, se siente poseída. La pertenencia prevalece sobre el "estar con" y ese es un problema que se ve frecuentemente en terapia de pareja, así como cuando el periodo inicial de enamoramiento se va modificando y empieza a convertirse en una realidad que pierde la perspectiva y el motivo inicial de encuentro se difumina y se convierte en un intercambio, en una permanencia por mantener intereses y necesidades comunes.



Ese es el riesgo de la institución del matrimonio, que puede caer en la rutina y se convierte en una relación perversa, porque cualquier motivo va a ser válido para permanecer, para no perder algo que se siente propio. Algo que en un principio es culitativamente hermoso, forma parte del instinto, de la viseralidad, se convierte progresivamente en un monstruo que va devorando toda flor que existe a su alrededor. Es un proceso humano. El rasgo narcisístico del que he hablado y que todos en alguna manera tenemos, nos impide asumir que las cosas son temporales, para empezar, la vida es temporal. Tenemos un tiempo de existencia, pero normalmente vivimos con un ritmo existencial de temporalidad, con la sensación de que vamos a ser siempre los mismos y todo a nuestro alrededor va a seguir igual. En nuestro esquema psíquico buscamos siempre una evitación del cambio, de la misma manera que existe una homeostasis fisiológica que nos permite un equilibrio frente a aquello que puede ser nocivo. Es decir que inconscientemente evitamos cualquier movimiento que nos pueda suponer romper los esquemas espaciotemporales sobre los que sentimos una cierta seguridad, y por eso hablar del final de algo siempre crea una ansiedad porque nos lleva a la idea, al temor del final de la vida y nos comunica con el temor a la muerte, que este momento es más tabú que el sexo, a diferencia de otros tiempos.



Cuando empezamos una relación todos y todas sabemos que esa relación puede terminar, pero ya en la legalización de la institución se hace hincapié "Hasta que la muerte nos separe", significa, hasta que algo externo a nosotros nos separe", lo cual limita ya la libertad de decisión, del "hasta que la muerte de aquello que ha motivado nuestro encuentro nos lleve a separarnos". Es decir, hasta que la función termine, deje de existir, acabe su cometido. Y si la función que tiene la pareja humana es la de desarrollar la capacidad amorosa de cada individuo, puede ocurrir que ese sistema empiece a no ser válido para el desarrollo personal de uno de sus miembros y a partir de ese momento tiene que haber un replanteamiento real y una asunción de la crisis. No es como antes, algo ha ocurrido que lo que era ya no es y por tanto tenemos que afrontar una realidad nueva de las cosas. Esa realidad nos puede llevar a modificar la relación para cualitativamente aumentar la capacidad de placer, de desarrollo, de expansión, de comunicación.



Ese conflicto puede venir motivado por un cambio de valores individuales, por un cambio de trabajo, por la entrada de una tercera persona dentro del marco sexual, por el nacimiento de un hijo, por el fallecimiento de un familiar de uno de los miembros de la pareja, o por cualquier otra circunstancia cotidiana que influya directamente en la psicología de la emocionalidad, y eso repercute en su ecosistema mas próximo. La pareja es un sistema vivo, nadie puede garantizar qué nos va a ocurrir mañana como pareja porque nadie nos puede garantizar qué nos va a ocurrir individualmente. En momentos determinados, el impacto se produce de forma traumática porque hemos perdido la capacidad de darnos cuenta de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y perdemos el contacto con lo que está pasando con nuestro compañero/a quien de pronto expresa su falta de deseo sexual, su poca motivación para compartir actividades, la presencia de una tercera persona, o su interés en la separación. El problema es de los dos, de quien no se da cuenta y de quien creía que el otro se estaba dando cuenta. Llega un momento en el que el bloqueo en la comunicación lleva al uso del imaginario y a crear e interpretar la realidad.



En ese momento es cuando, necesariamente, tenemos que asumir la crisis que implica un replanteamiento a tres niveles fundamentales: el cognitivo, es decir, cómo nos comunicamos, qué niveles de transmisión de valores, ideas, aficiones, proyectos existe con esa persona. Un segundo factor, qué nivel de intercambio emocional existe, de afectos, cariño, tristeza, anhelos, frustraciones. Y por último qué capacidad de placer tengo con esa persona, de goce, de abandono sexual. Un buen test permanente en la pareja es ir analizando cual de estos aspectos va debilitándose en la relación, pero los tres tienen una importancia muy grande porque en el fondo estamos hablando de un sistema que comparte la vida cotidiana. Habrá momentos de la vida en que se dará mas importancia a esa empatía sexual y momentos en que será mas importante la afectiva, la cognitiva, o la identificación laboral y social. Depende de momentos vitales, de edades y de circunstancias pero tienen que estar presentes porque significa que está habiendo una globalidad de la relación. Si esto no sucede, se está evitando el crecimiento, el desarrollo de facetas vitales para las dos personas y que van a vivir fuera de la relación. Es necesidad, se parcializa, y empieza a separarse y a romperse progresivamente la pareja.



Esos tres niveles nos hablan del momento real de la pareja y nos lleva a plantearnos la posibilidad de replantear o de darnos cuenta de que es un momento definitivo donde ya no hay posibilidad de reconstruir y es cuando, en el último acto de amor, se debería buscar la muerte de ese sistema desde una perspectiva de transformación creativa para cada uno de los miembros, no como un fracaso, sino como un acto de cambio y por lo tanto de final que facilita una transmutación.



En la escala de valores de esta sociedad, la ruptura de la pareja sigue viviéndose como un fracaso. Incluso en la sociedad norteamericana que es donde estadísticamente -junto con los países nórdicos en Europa- hay mas separaciones, es muy interesante ver cómo la nueva relación intenta ocultar o negar, olvidar la relación anterior y eso se ve mucho en la relación con los hijos. Cuando un hijo de dos personas pasa a vivir con la nueva relación de la madre o del padre, vuelven a crear un matrimonio nuevo, ese hijo llama "papá" o "mamá" a esa nueva persona, no a la madre o al padre biológico. Algo que se olvida es algo que se vive con culpabilidad, que se tiene que esconder. Se ha hecho mal. No tenemos por qué negar nuestra vida. Hemos vivido un tiempo con esa persona y ahora estamos con otra, pero esa persona no muere físicamente, no desaparece y mas si es la madre o el padre de nuestros hijos; pero como se lleva a situaciones tan extremas, esa continuidad puede existir cuando lo que permanece es el odio y la destructividad. Ante la destructividad, lo único que se puede hacer es olvidar.



En el proceso de separación hay que velar por sus consecuencias y asumir la responsabilidad que, como ecosistema social, el matrimonio tiene con aquellos que sobreviven en ese ecosistema, que son los hijos. La familia es un ecosistema compartido donde hay los niños que están nutriéndose y desarrollándose, por tanto, viéndose afectados por los procesos de los adultos quienes pueden facilitar el desarrollo de los hijos, o pueden frustrarlos, truncarlos, o crear dinámicas de autoadaptación mas o menos violentas. No es lo mismo una separación a los cuatro años que al los ocho o a los doce, porque la dependencia afectiva, nutritiva al ecosistema es menor o mayor, y por tanto la posibilidad de objetivizar las cosas con los hijos dependerá en gran medida de la edad. Sin embargo, no hay una edad mejor que otra, lo que tenemos que analizar son las consecuencias y buscar la forma de paliar los efectos negativos. Pero está claro que a partir de los diez o doce años ya hay una capacidad de asimilación muy grande de los efectos del ecosistema, y por lo tanto, el disturbio que se pueda provocar es mínimo, mientras que, de los tres a los seis o siete años el niño vive un proceso de asentamiento muy delicado para producir movimientos porque los modelos de referencia están introyectados como entidad, como familia.



Lo mas importante es que el proceso de separación sea progresivo, que tenga un cierto ritmo y que sea lo menos violento y lo mas compartido posible, que sea un proceso de complicidad donde los niños, a partir de determinada edad, puedan también participar, es decir, ser conscientes de lo que está pasando. Normalmente se vive la separación como algo que corresponde solamente a la mujer y al hombre, y en cuanto que ya hay hijos, y por lo tanto hay un sistema familiar mas complejo, hay que tenerlos en cuenta desde el principio para que ellos entren en esa realidad. Es un gran error separar la realidad de los adultos del mundo de los niños porque los niños captan lo que ocurre, aunque nosotros queramos evitar los conflictos, las discusiones, los afectos negativos, y además sienten que no se les tiene en cuenta, que no se les reconoce, que viven esa experiencia en soledad, con lo cual se agrava el conflicto, porque el niño se aísla, sintiéndose desplazado de la realidad familiar.



Por eso es importante que desde el principio el niño pueda vivir la separación como un proceso lo mas natural y humano posible - porque es humano, y el ser humano vive pulsiones y afectos de todo tipo- y forma parte de la realidad que el niño tenga acceso al mundo del adulto, a conocer esa dinámica de desamor, sobretodo con la idea de que el desamor es el de los padres, no hacia ellos. Hay un mecanismo inconsciente que se produce en los niños, y es que si no se les hace conscientes de la realidad del adulto y de las causas de la separación, que puede ser simplemente el desamor -no tiene que haber grandes odios ni gran destructividad- pueden sentir que son ellos los culpables de este paso. Algo han hecho mal en su imaginario, y esa es una carga que siempre llevan, que se observa después en la psicoterapia de adultos cuando han sido hijos de familias separadas. Para evitar esa culpabilidad tiene que compartir en comunicación con esa situación de desamor y participar en el proceso. Eso es algo que se hace en la terapia de familia de los procesos de separación.



Como expresé anteriormente, la idea de separación se vive como idea de muerte, y por tanto como algo terrible, porque en ese momento conectamos con el miedo a nuestra muerte ya que generalmente la relación que se crea con la pareja es fusional, psíquica y emocionalmente hablando, hasta el punto en que existe una referencia yoica en el otro. En el momento en que el otro realmente no está, tenga la sensación de que no está, o de que no va a estar, la persona entra en el pánico de perder su propia sensación de existir. Por eso en muchas separaciones aparecen las respuestas depresivas. Entra en auténtica depresión porque empieza a vivir una emocionalidad totalmente vacía, pierde el sentido de su realidad, de su vida. Esto significa que en ha creado una dependencia muy grande en la cual el otro "le ha robado el alma", hablando poéticamente, y se producen reacciones de pánico muy fuertes, intentando por todos los medios frenar ese proceso y evitar el conflicto, el movimiento y el sufrimiento. Se coloca en una situación de búsqueda de estabilidad, de estatismo y ahí es donde aparece el sufrimiento crónico y la institución empieza a pervertirse, porque se crean mecanismos para evitar la asunción de la realidad, de que posiblemente el sistema ya no facilita la función originaria. Digo posiblemente porque primero es importante asumir la crisis y permanecer en ella, intentar transmutar juntos, es decir, intentar que ese cambio sea positivo para los dos y esa relación se modifique. Eso puede ocurrir dentro de la pareja o con la ayuda de un especialista en terapia de pareja, que tiene una cierta funcionalidad y dinamización de impulsos estáticos, siempre que las dos personas sientan que, solos, no tienen capacidad de resolución.



No necesariamente hay que esperar a la decisión de la separación, sino que puede haber un plano preventivo, cuando llega un punto en que se vive una crisis por infidelidad, por enfermedad de uno de los miembros de ese sistema, o por cualquier circunstancia que lleva a un conflicto, una tensión exacerbada que no se palia, no se reduce. Por otra parte, en cuanto menos participen familiares en los conflictos de pareja, mejor, porque hay interferencias inconscientes, intereses, afectos que pueden evitar la objetividad de la situación. En este caso es mas positivo el consejo de un amigo porque puede ser mas objetivo. De todas formas, en un conflicto de dos es muy difícil que participe alguien que tiene vínculos afectivos.



Si de esta manera se intenta durante un tiempo un cambio que no se produce, y esa relación facilita el sufrimiento, aunque sea de una de las dos personas, hay que plantearse la finalización como algo positivo. El fracaso está en la cobardía de no asumir la soledad coherente, la realidad, que implica el dejar que la otra persona viva libremente y pueda seguir creciendo porque una relación se crea y se mantiene cuando es mutuo el deseo de entregarse a ella. De lo contrario se convierte en un constante mensaje de "tu me vas a evitar el sufrimiento estando conmigo". La otra persona entra en la defensa y de ahí en la violencia y la destructividad, situación que puede permanecer en el tiempo, afectando, como ya he dicho, a todos los miembros del sistema familiar.



Los seguimientos que hemos hecho desde la psicología de las familias que viven en dinámicas destructivas han mostrado la existencia de dos tipos de destructividad. La digital que es directa, y la analógica que es sutil, como el chantaje, la amenaza, la culpabilización. Como ejemplo cito a una pareja que, cada vez que él se imaginaba que la mujer iba a decirle algo conflictivo, él entraba en una reacción cardiaca que le llevaba al hospital. Automáticamente la mujer paraba porque "no podía sentirse responsable de la muerte de su marido". Así estuvieron diez años hasta que llegaron a la consulta y desciframos la clave del "enfermo imaginario" (la obra de teatro de Moliere). No se iba a morir, pero ella, con razón, no se arriesgaba y así se frenaba el movimiento. El mismo sufría porque se daba cuenta de que estaba creando una reacción de evitación del conflicto y su mujer no estaba feliz, pero él no podía evitar esa situación psicosomática.



Otro ejemplo es el de las culpas vinculadas a los hijos, los chantajes afectivos, culpando al otro por el futuro malestar y conflicto de los hijos, a partir del abandono. El chantaje económico, donde la mujer tiene todavía una situación de debilidad frente al hombre a niveles legales y jurídicos: "Si me dejas, no hay dinero". Ocurra así o al contrario estamos entrando en dinámicas de perversión, donde ya no hay amor sino destrucción mantenida, y cuestionamos la causa por la que se mantiene esta situación, en la que ya no hay deseo sexual o muy poco, ni deseo de comunicación, en la que se llevan vidas paralelas y se comparte el espacio -algunas horas en la noche- y en la que no hay una transmisión de afectos, no se vibra con esa persona. Las respuestas son muchas, desde intereses múltiples hasta incapacidades personales, y ahí es donde la psicoterapia puede ayudar, cuando realmente una persona no puede abandonar a su pareja porque se siente culpable, y no se da cuenta de que con su actitud está reforzando la patología de su cónyuge, que el otro siga convencido de que esa forma de actuar victimista es la adecuada, es la que permite un poder, manteniendo la doble patología. El que hace de víctima se sigue sintiendo víctima y el que desarrolla un sadismo masoquista, pasivo, sigue desarrollándolo. Este chantaje es mucho mas duro aveces que la reacción violenta porque cuando hay odio directo, digital, cuando hay violencia física o infidelidades manifiestas, por ejemplo, empieza a haber motivos concretos y es mas fácil dar el paso.



Muchas veces se provocan razones de odio inconscientemente, pero cuando existen dinámicas muy sutiles, sadomasoquistas, donde aparente todo está bien pero en el fondo no hay relación, es muy difícil separarse y pueden pasar años de convivencia monótona, rutinaria, aburrida y cancerígena - en el sentido metafórico de la palabra- es decir, degenerativa, y que ocurre cuando alguno de los dos despierta, generalmente porque aparece una tercera persona y decide cambiar la situación.



Lo que está claro es que el distrés en la relación de dos puede ser muy fuerte porque no hay posibilidad de escapar, a no ser que sea por un tercero. Y si hay salida por un tercero, se pone en riesgo completamente la relación. Sabemos que se crean dinámicas psicosomáticas importantes en ciertas personas por conflictos conyugales no resueltos, así como cuando hay violencia directa, alcoholismo o drogadicción. Por ejemplo, hay una gran cantidad de mujeres maltratadas que mantienen el matrimonio y que son, ellas mismas, las primeras que no ponen denuncias y siguen manteniendo la relación, además de justificar el acto violento del marido. Esas son las situaciones que, aparte del chantaje emocional y la amenaza, forman parte de la incapacidad personal de relacionarse. En estos casos, la víctima no puede dejar de serlo porque es mayor el sufrimiento que siente si imagina la disolución de ese matrimonio, que el sufrimiento de compartir una violencia doméstica permanente. Dentro de esa violencia hay niveles de distres y sufrimiento patógeno muy fuertes.



En la situación en que uno quiere dejar la relación y el otro no, los dos miembros de la pareja sufren. Por eso es importante buscar una resolución, que dependerá en gran parte de la respuesta psíquica, de la capacidad de tolerancia y de adaptación, de la búsqueda de recursos externos, compensatorios. Aparentemente quien sufre es la "víctima" , quien siente que el otro le hace daño, que es malo, que está provocando el disturbio, que quiere irse, que ha dejado de amar, que ha perdido la pasión, que no lucha, que no mantiene la familia, pero ese discurso repetitivo y culpabilizador, hace sufrir permanentemente a la otra persona porque, en principio, ella no quiere hacer sufrir. Simplemente está encontrándose por un momento vital en el que ya no está cumpliendo las expectativas que la otra persona tiene y a partir de sentirse culpabilizado, se siente con una gran responsabilidad que también le hace sufrir hasta el punto de mantener una relación que ya no le da placer. Si no hay un deseo de reencuentro por parte de los dos, siempre va a existir una dinámica de poder. El deseo puede ser diferente, una persona se puede sentir muy enamorada del otro y el otro puede solamente sentir una atracción o un deseo de cambio. Pero si quiere continuar la relación puede haber una posibilidad de encuentro y reconciliación. En el momento en que una de las dos personas no quiere, se acaba el sistema o se entra en un sufrimiento, que curiosamente es compartido, que es lo contrario de lo que en un inicio los unió. Si les unió un amor compartido ahora les une el sufrimiento compartido.



Entonces, en un sistema siempre hay responsabilidades en lo que ocurre. Nunca se puede asumir la culpa única, aunque jurídicamente siempre exista un culpable. Desde la teoría de sistemas esta es una falacia porque siempre hay una responsabilidad compartida. Recordemos la novela, el arquetipo de Frankenstein, que nos hace reflexionar: Hay alguien que crea al monstruo y no lo reconoce; en el momento en que no lo reconoce empieza a destruir y la responsabilidad aparente es de quien destruye, del monstruo. Generalmente en esta sociedad juzgamos, cuestionamos y criticamos a los Frankensteins pero nunca a aquellos que crean los Frankensteins. Por ejemplo, el toxicómano es el delincuente porque con la droga se puede llegar a matar. Pero quien está creando ese drogadicto? Qué responsabilidades sociales, institucionales, cívicas existen? Se juzga a los Frankenstein.



En la relación de pareja ocurre lo mismo, generalmente se busca a un culpable, y aunque aveces lo haya, por ejemplo a la hora de decidir la tutela de los hijos o el tema económico, generalmente la responsabilidad es de los dos. Por ser de dos se ve muy fácilmente un mecanismo social general y muy perverso que es la paranoia, donde siempre creemos que el otro nos va a destruir. Ahí está la lógica sistémica de la introducción de un tercero en la relación, el especialista en terapia de pareja, que intentará facilitar la comprensión, la lógica emocional e inconsciente que lleva a esa crisis, que si no es resoluble, potencie un camino de crecimiento individual para los dos, es decir, una salida creativa a un momento de anquilosamiento, de degeneración, de rutina y de impedimento del proceso personal en el sistema de la pareja, de manera que esas personas puedan volver a encontrarse con otra pareja, recordando una vez mas que siempre existirá la temporalidad, lo que significa que cada momento que vivimos se acaba y que por lo tanto debemos vivir intensamente, es decir, conscientemente.



Por eso es importante tener en cuenta que, los procesos relacionales no solamente se pueden explicar corticalmente. No somos libres de nuestras emociones y por lo tanto, solamente tomando en cuenta esa dinámica inconsciente, podemos comprender mas globalmente la realidad y ser mas tolerantes, que no quiere decir débiles, sino acercarnos a la realidad del otro. Si eso se vive, sea el tiempo que sea, cuando llega el momento de reconocer la falta de funcionalidad de esa pareja, vamos a vivirlo satisfactoriamente porque reconoceremos que gracias a compartir la vida con la otra persona hemos podido crecer y desarrollar una capacidad vital que es la capacidad de amar.




Por Pareja: origen, desarrollo y final.



                                                    Artículo de XAVIER SERRANO HORTELANO



miércoles, 26 de noviembre de 2014

El Optimismo Inteligente

Empieza la semana con OI!! Sí, sin la "h" y con "i", hablamos de Optimismo Inteligente, qué la mitad de tus compañeros están de vacaciones.. y tú trabajando? Dónde está el problema? Cada mañana te despiertas... y no sabes cómo te va a ir el día? Pues sí!! Lo sabes, y lo sabes porque debes intentar vivir la vida con un optimismo propio, personal y transferible a los seres que te rodean, sin intentar que tu mundo sea de color de rosa, ideal, fantástico y maravilloso... eso no sería real, verdad?  El optimista inteligente acepta su realidad y elige su optimismo para mejorarla, una de las claves del optimismo es la acción, el individuo elige el compartamiento que le mueve, no te quedes quieto, hay que moverse, hacer, hay que cambiar los "es que..." son excusas y autoengaños a nuestras obligaciones, por los "tengo que"  hechos, retos, metas,... el optimismo te ayudará a cambiar y mejorar la realidad de tu vida, sueña a lo grande y disfruta tus logros. 
Con el tiempo, práctica y ayuda, desarrollarás comportamientos para mejorar las cosas. El optimismo también te ayudará a sentir la actitud de obligación, la actitud del cambio y la obligación de la ética para contigo y los demás. Contagia y déjate contagiar, el optimismo no es una actitud es una posición en la vida, no dejes que nadie decida por ti tus decisiones, sólo tú decides, recúerdalo...
Te apuntas al cambio optimista?

En el trabajo


 

 En la vida!!!


 

Conoce y mejora tus emociones con nosotros


martes, 25 de noviembre de 2014

Cómo detectar a un maltratador o maltratadora

Detectar a un maltratador/a es más fácil de lo que parece pero cuando una mujer se enamora pierde la objetividad y sólo ve lo bueno de él, excusándole de las cosas malas que haga y poco a poco acabará de ser la sombra de su maltratador, acabará pensando como él, siendo sumisa y estará tan anulada por él que ella no será ella.
Para ello en casa, las madres, las hermanas, las amigas, debemos estar atentas a los nuestros, debemos observar cómo la trata él a ella, cómo la mira, qué cosas le dice, etc., porque ella no se habrá percatado de lo mal que la trata, de lo mal que la mira, de las cosas tan “fuertes” que le dice. Es increíble, pero la mujer maltratada enamorada es capaz de perdonar todo. La autoestima de la mujer por los suelos, su inseguridad, la poca fe que tiene en sí misma, el que le ha hecho creer que todo lo hace mal, que es incapaz de hacerle feliz, el sometimiento enfermizo que tiene hacia él hace que ella poco a poco se olvide de ella, ya no sabe qué le gusta ni qué no, además para qué si él le va a convencer de todo lo contrario, para qué va a discutir con él si él es implacable, lo que él dice hay que hacerlo a las buenas o a las malas, y es que el maltratador es muy hábil: después de dejarla hecha polvo, le dará besos y le dirá cuanto le quiere, y la desarmará, ella le perdonará y otra vez la rueda del horror se pone en marcha.
Porque los maltratadores no están las 24 horas del día maltratando, no están las 24 horas del día insultándote o pegándote, ellos también tienen sus “horas bajas” y son capaces de amar como nadie, capaces de hacerse las víctimas vulnerables, capaces incluso de llorar si es necesario o incluso pedirte perdón si saben que así te engatusan mejor. Y la mujer que está sedienta de amor, de palabras bonitas, de que las valoren, caen de nuevo, una vez más en sus garras, en su perversidad y en su desdén.
Por ello la mujer maltratada es la última en darse cuenta de que está siendo maltratada. Incluso cuando va a la psicóloga y le dice que es una mujer maltratada la mujer se asusta, está incrédula, está rota, porque no puede ni quiere reconocer que se ha equivocado, que ha elegido al hombre equivocado, a él que le ha defendido tantas veces, a él que le ha dado todos sus caprichos, que ha llegado incluso a mentir por él. La mujer siente vergüenza, siente estupor, se siente estúpida, tonta…
Cuando sale de las garras del maltratador, la mujer toma conciencia de todo lo que le ha pasado con el maltratador, empieza a tomar forma todo lo que en su cabeza antes era un lío, se siente aliviada porque él ya no le hará más daño, ya no le insultará más, se levantará de la cama y nadie estará ahí para vejarla, para humillarla, para maltratarla. Se ha quitado un peso de encima, una piedra de 5 toneladas. La mujer empieza a ir al psicólogo y éste la programa poco a poco para que sea ella misma con sus defectos y virtudes, porque el maltratador la había desprogramado para que fuera e hiciera todo lo que él quería de forma sumisa y anulada.
Y con el tiempo la mujer maltratada empieza a saber qué le gusta y qué no le gusta por si misma, empieza a conocerse, sigue o empieza a trabajar fuera de casa, a ganar dinero, a sentirse útil a la sociedad y a ella misma y a sus hijos, consigue que su autoestima se eleve, consigue que sepa a ciencia cierta lo qué quiere y lo que no quiere, empieza a tomar conciencia de que está viva y de que es apta.
Al maltratador se le reconoce enseguida pero hay que estar alerta, al loro, fijarnos mucho y tener la cabeza fría. No hay que amar sólo con el corazón, hay que usar la cabeza, pero la cabeza ya se encargan ellos de torturarla con sus celos que no son celos sino más bien “que a él no le da la gana de que tú hables con ningún hombre” quieren controlarte y someterte, porque si hablas con ellos “eres una puta” o “te quieres acostar con ellos” o que “te estás insinuando”, y eso no son celos sino ganas de “tocar las narices” a la mujer, hacerla más insegura y liarla sin necesidad. Porque el error lo tienen ellos en la cabeza, sus frustraciones y sus complejos los proyectan hacia la mujer. Son individuos con un trastorno de personalidad increíble, no son enfermos mentales. Son unos listillos que mientras ellos hablan y pasean con cualquier chica sin que la novia diga o haga nada, ellos se creen con el derecho de hablar con quien quiera pero su chica no, su chica que esté ahí pensando siempre en él y que ni se le ocurra hablar ni pensar en otro chico que no sea él. Ella la chica luchará en su mente con los sentimientos de que “es que me quiere tanto que no soporta verme con otro” o “qué cara tiene, si yo no pretendo nada con ningún chico”. Y esa es la primera “pista” para ver que es un maltratador, es decir, tiene distinto código de conducta que tú: él tiene todos los derechos y tú no tienes ninguno. Y en el fondo de una mente de un maltratador está la frase “no se fía quien no es de fíar”, es decir, que el maltratador no se va a fiar de su pareja en la vida, porque es él quien actúa siendo infiel a la mujer constantemente y es incapaz de creer que ella no le engaña.
Es decir, el que engaña piensa que todo el mundo le engaña y el que miente piensa que todo el mundo le miente. Porque para el maltratador, que no se fía de nadie, es él su principal enemigo y proyecta todas sus miserias en su pareja.
A la pareja le llama puta y en el fondo está proyectando que es él quien se va con putas. A la pareja le llama mentirosa cuando es él quien continuamente le esta mintiendo. Y es que el maltratador es una persona que sufre mucho porque en primer lugar no se fía de nadie porque piensa que todos están contra él. El maltratador es una persona resentida, mentirosa, insultona, perversa, de mente sucia, etc., y lo que llama más la atención es que tiene una imagen distorsionada de sí misma: es decir, el maltratador se cree bueno, perfecto, guapo, amable, sincero… él se atribuye a sí mismo unas cualidades que no se corresponden con su verdadera personalidad. Son personas que de cara a los demás se muestran “seductores”, “perfectos” “seguros” y “convincentes” pero en el fondo son personas torturadas por sus imperfecciones, inseguridades y complejos.
Sentimentalmente hablando sólo se quieren a sí mismos, incapaces de amar a nadie más. Sus logros los aumentan considerablemente y enseguida los dicen a “los cuatro vientos”, se “venden muy bien” a costa de “desvalorar al amigo o compañero”, que en cuanto están con él le mostrará la mejor de sus sonrisas pero que a sus espaldas lo criticarán sin piedad. El maltratador es una persona interesada que si está con alguien es porque en ese momento es una pieza clave para su trayectoria profesional o simplemente para salir una noche. El maltratador no tiene amigos. El maltratador es una persona en el fondo amargada que proyecta sus miserias en los demás. Son capaces de juntarse con una mujer preciosa y apta para la vida y los negocios y volverla fea e indecisa para la vida y los negocios. Tienen una habilidad especial para salirse siempre con la suya importándole un “bledo” quien salga herido o incluso muerto.
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Se creen inteligentes pero no lo son, es sencillamente que NO TIENEN ESCRÚPULOS, les da igual hacer daño a su mujer, ex mujer o a sus propios hijos. Caminan por la vida con paso firme y seguro, con la cabeza bien alta, hablan con suficiencia y les encanta oírse, procuran utilizar palabras exactas y hay que reconocer que tienen “labia” pero una labia “con vistas” mentirá con tal de convencer a los demás e incluso se empeñará en “demostrarlo”, diciendo medias verdades y el discurso a su favor, paso que dan paso que han meditado escrupulosamente. Mienten con una naturalidad asombrosa. Son narcisistas, arrogantes y egocéntricos. Son muy peligrosos, porque te seducen, te atrapan y cuando se cercioran de que te has enamorado de ellos, van a por ti, descargan toda su furia y frustraciones contigo. Son capaces de matar a una persona sin tocarla, con la palabra, con insultos, con descalificaciones, pueden inducir a la mujer al suicidio al decirle palabras como: “no sirves para nada” “eres lo peor” “puta” “eres una hija de puta como la hija de puta de tu madre” “no sé como no me meto droga por la vena para aguantarte” “no sabes hacer nada” “no sirves para trabajar ni para estudiar” “fea, gorda, estúpida…” “estar contigo es como tener un hijo Down al que tienes que cargar con él toda la vida”…Siempre hablará de los errores y defectos de los demás a los que “no tendrá piedad”. Se creen muy ingeniosos y únicos en sus observaciones hacia los demás desvalorándolos con chistes y sarcasmo, así a la vez que “insultan” con “gracia” se sobrevaloran a ellos mismos. Jamás reconocen un error, somos los demás quienes erramos. Tienen una imagen deformada de si mismos: se creen inteligentes, guapísimos, altísimos, bondadosos y hasta honestos, no dudarán en decir de si mismos que son “muy legales” pero lo que realmente son es todo lo contrario. Porque si en realidad fueran lo que creen ser no serían maltratadores.
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Cuando los maltratadores insultan a su pareja se sienten felices, las dicen sin remordimiento con una seguridad y descaro insoportables. Ni parpadean ni les tiembla la voz, muy seguros de lo que dicen y con la certeza de que te van a hundir anímicamente. E incluso si a un maltratador le preguntas: Por qué me has insultado llamándome puta? Él con sangre muy fría sintiéndose muy hábil y genial contesta: “no te estoy insultando, te estoy definiendo”.
Los maltratadores tienen dos caras una de cara a los demás: amable, seductora, complaciente, con un discurso muy suave: no hay que pegar a las mujeres, no hay que insultarles, eso nunca, qué horror, etc. pero en casa con su mujer tiene la cara del monstruo: todo está mal, ella hace todo mal, es una inútil, no sirve para trabajar ni para estudiar, es tonta, llega a romper cosas de la casa, grita e insulta a su pareja, le zarandea y hasta, la pega o le da palizas.
Y cuando la mujer les dice de separarse ellos no dicen que si. ¿Para qué van a separarse de una mujer que la tienen en casa (aunque ella trabaje fuera del hogar), que le es fiel de pensamiento, palabra y obra, que le hace todo en casa, los niños, sus recados…y que encima “se deja” insultar y a él le sirve de trampolín para sentirse cada vez más alto, más fuerte, más guapo, más valeroso… a cambio de que ella se sienta más baja, más débil, más fea y menos valerosa?
O son ellos los que dicen de separarse siempre para tener a la mujer más pillada pero a la hora de la verdad tampoco se separan por los mismos motivos que el anterior.
Y es que con los maltratadores ni contigo ni sin ti, pero machacar a la mujer todo lo que puedan eso sí. Los maltratadores son muy inestables te dicen que te quieren y a los cinco minutos te dicen que te odian. No saben lo que quieren y no valoran a la pedazo de mujer que tienen a su lado. Todo es poco para ellos.

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